La comunicación cáncer-cerebro como nueva perspectiva para mejorar la respuesta antitumoral
El cáncer suele asociarse con tristeza, ansiedad, pérdida de interés (anhedonia) y fatiga persistente. Aunque estas alteraciones emocionales no siempre alcanzan la categoría de trastorno clínico, pueden estar relacionadas con una peor calidad de vida y un peor pronóstico.
Tradicionalmente, estos síntomas se han considerado una consecuencia secundaria de la enfermedad. Sin embargo, cada vez existe más evidencia de que el cáncer y el cerebro mantienen una comunicación bidireccional: alteraciones en el organismo pueden modificar el funcionamiento cerebral y, a su vez, el cerebro puede influir en la respuesta inmunitaria.
Un sistema cerebral clave en esta comunicación es el sistema mesocorticolímbico (SMCL), una red implicada en la motivación. Diversos estudios han demostrado que el dolor crónico y la inflamación pueden alterar el funcionamiento de este sistema, favoreciendo la fatiga y pérdida de motivación. Estos efectos parecen estar mediados, al menos en parte, por cambios en la señalización relacionada con la dopamina y en la activación de la microglía (las células inmunitarias del cerebro), aunque todavía se conoce poco sobre cómo la presencia de un tumor podría afectar a estos mecanismos. Por otro lado, la actividad de este sistema cerebral también puede influir sobre la respuesta inmunitaria frente al cáncer.
Comprender mejor esta interacción bidireccional, en la que el cáncer podría inducir cambios en el cerebro y estas alteraciones influir a su vez sobre la capacidad del sistema inmunitario para combatir el tumor, podría contribuir al desarrollo de estrategias terapéuticas capaces de mejorar simultáneamente el bienestar de los pacientes y la eficacia de la respuesta antitumoral.