Síntomas del mieloma múltiple

De forma resumida, los síntomas más habituales que aparecen en los pacientes con mieloma múltiple son:

  1. Dolor óseo: La mayoría de los pacientes sienten dolor, sobre todo en la zona dorsal o lumbar de la espalda, en las caderas, en las costillas, y en ocasiones, también en las piernas o brazos u otras zonas del cuerpo. Es el motivo más frecuente por el que los pacientes consultan al médico, ya que este síntoma está presente en el 80% de los pacientes. El dolor puede ser distinto en cada paciente y en cada momento de la enfermedad. Suele aumentar al moverse y calma con el tratamiento para el dolor (analgésicos) y con tratamiento específico para el mieloma. Se debe a la destrucción de hueso que producen las células plasmáticas malignas que, como indicamos anteriormente, están en la médula ósea, en el interior de los huesos. Los médicos detectan estas lesiones en el hueso mediante pruebas de imagen como la radiografía, el TAC o la resonancia y te informarán sobre la existencia de esas lesiones, a las que llamarán lesiones líticas. Cuando estas lesiones dañan mucho el hueso se pueden producir fracturas. Esto ocurre con relativa frecuencia en las vértebras, produciéndose aplastamientos, dolor intenso, a veces síntomas neurológicos, y con el tiempo, reducción de la estatura. Además, cuando se destruye el hueso, se libera calcio y en un 25% de los pacientes puede aumentar el calcio en la sangre (hipercalcemia), ocasionando complicaciones como náuseas, vómitos, debilidad, estreñimiento o confusión y adormecimiento en los casos más graves. Estos síntomas ponen en alerta a los médicos y se pueden confirmar en un análisis de sangre. Si se detecta un aumento de calcio en la sangre, se pondrá tratamiento de forma urgente. 
  2. Cansancio: la mayoría de los pacientes sienten cansancio, fatiga o debilidad y pueden tener palidez que se debe a una disminución de los glóbulos rojos en la sangre (anemia). El médico indicará que existe anemia si en los análisis de sangre observa una hemoglobina más baja de lo habitual. Esto se debe a que las células plasmáticas malignas también ganan terreno a los glóbulos rojos dentro de la médula ósea, y entonces se producen menos glóbulos rojos y el transporte de oxígeno a través de la sangre hasta los distintos órganos se ve dificultado. Estos síntomas se alivian cuando la enfermedad responde al tratamiento y, cuando es necesario, con una transfusión de sangre. Algunos tratamientos del mieloma también producen cansancio.
  3. Infecciones: los pacientes con mieloma tienen hasta 10 veces más riesgo que la población sana de tener infecciones debido a distintos motivos. El sistema inmune de los pacientes con mieloma no trabaja bien y, además, los tratamientos producen disminución de los glóbulos blancos o “defensas”, por lo que el sistema inmune está debilitado y es más fácil que bacterias o virus produzcan infecciones. La fiebre (temperatura >38ºC) nos alertará de la presencia de una infección. Es importante informar lo más pronto posible al médico si esto ocurre, para que se realice una valoración urgente del paciente, se identifique el “foco” de la infección (respiratorio, urinario, digestivo) y, en consecuencia, se administre un tratamiento adecuado para resolver la infección y evitar complicaciones graves.
  4. Daño del riñón: el riñón es un órgano muy sensible en los pacientes con mieloma. La paraproteína producida por las células plasmáticas del mieloma se deposita en los riñones y puede hacer que no funcionen de forma correcta hasta en un 25-30% de los pacientes. En casos graves, los pacientes pueden necesitar valoración por el nefrólogo y requerir diálisis. Por ello, los pacientes con mieloma deben seguir las recomendaciones de sus médicos en cuanto a la cantidad de líquidos que deben beber diariamente y evitar medicamentos que puedan dañar el riñón (por ejemplo, antinflamatorios tipo AINE como el ibuprofeno). 
  5. Cambios de la sensibilidad o de la fuerza: con frecuencia pueden ser debidas a efectos secundarios del tratamiento (ver sección de Tratamientos). Sin embargo, en ocasiones, una debilidad en las piernas que aparece en pocas horas, u hormigueos, pueden deberse a masas en las vértebras que comprimen la médula espinal. Es muy importante informar al médico si aparecen esos síntomas para descartar una situación grave que requiere atención urgente para evitar daño neurológico irreversible.

No todos los pacientes presentan todos los síntomas descritos, ni en todas las fases de la enfermedad. Estos síntomas producen un deterioro en la salud física y emocional, y en consecuencia, un gran impacto en la calidad de vida.